Una joven de 29 años que eligió la vida de clausura en un monasterio explicó cómo fue el momento en que supo que había encontrado su lugar en el mundo.

Sor Marta no tenía dudas cuando cruzó la puerta del monasterio. Con apenas 29 años, decidió dejar atrás la vida que conocía para dedicarse de lleno a Dios, la oración y el servicio dentro de la comunidad religiosa que hoy la cobija. Su historia llama la atención no solo por su edad, sino por la claridad con la que habla de una decisión que mucha gente difícilmente llegaría a entender.

Ella recuerda el momento de su llegada con una imagen muy concreta: una paz que sintió de golpe y que no supo cómo nombrar en ese instante. «Esto no sé lo que es, pero es lo que estaba buscando», dijo. Esa frase resume bastante bien por qué eligió quedarse y construir su vida en ese espacio. Hoy, sus días combinan la adoración plena con tareas prácticas que hacen al funcionamiento del monasterio.

La vida de clausura implica un alejamiento del mundo exterior que no mucha gente elegiría, pero Sor Marta lo vive como una plenitud. Su testimonio abre una ventana a un estilo de vida que sigue existiendo y que, en su caso, encontró a alguien muy joven dispuesta a abrazarlo con convicción. Según LA NACION, la joven monja habló abiertamente sobre su vocación y su experiencia dentro del monasterio.

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