Investigadores en psicología identificaron que hablarle a los animales domésticos como si fueran personas es un hábito ligado a una alta sensibilidad emocional y tiene efectos positivos en la salud mental.
Hay quienes le cuentan sus problemas al perro, le piden perdón al gato cuando llegan tarde o le desean buenas noches al conejo antes de dormir. Y aunque pueda parecer gracioso, la psicología tiene algo concreto para decir al respecto: esas personas suelen tener una sensibilidad emocional más marcada que el promedio, y eso les permite conectar de manera más profunda con todo lo que las rodea.
El vínculo que se forma entre un humano y su mascota cuando hay ese tipo de comunicación cotidiana es mucho más fuerte que el de quienes simplemente conviven con el animal. Los expertos señalan que este hábito no es una señal de ingenuidad, sino todo lo contrario: refleja una inteligencia emocional desarrollada y una necesidad sana de construir lazos afectivos genuinos.
Además, los beneficios no son solo emocionales en términos abstractos: hablarle a una mascota reduce la ansiedad, baja la presión arterial y mejora el estado de ánimo, tanto del dueño como del animal. La información fue publicada por LA NACION, que destacó el impacto directo de esta práctica en el bienestar de quienes la tienen como parte de su vida diaria.





