Datos oficiales muestran que quienes alcanzan niveles educativos superiores tienen mayores chances de trabajo, mientras crece la desocupación entre quienes sólo completaron el secundario.
La brecha educativa comienza a reflejarse con claridad en el mercado laboral argentino, donde la escasez de graduados terciarios contrasta con una alta desocupación entre quienes solo cuentan con estudios secundarios. Según datos del INDEC y la OCDE, la inserción laboral mejora significativamente a medida que aumenta el nivel de formación.
Las cifras muestran que nueve de cada diez personas con estudios terciarios que buscan empleo logran insertarse, mientras que más de la mitad de los desocupados tienen secundario completo. Esto evidencia que ese nivel educativo dejó de ser suficiente para garantizar trabajo en un contexto cada vez más exigente.
Especialistas señalan que el nivel terciario se está convirtiendo en el nuevo piso requerido por muchas empresas para la contratación de personal. Sin embargo, el sistema educativo presenta dificultades para generar suficientes graduados: apenas el 24% de los estudiantes completa este tipo de estudios.
A esto se suma un problema estructural más amplio, ya que una proporción significativa de jóvenes no logra finalizar la escuela secundaria y cerca de un cuarto no estudia ni trabaja. Este escenario limita las posibilidades de inserción laboral y profundiza las desigualdades sociales.
En comparación internacional, Argentina se ubica por debajo del promedio en cantidad de población con formación terciaria, lo que la posiciona en desventaja frente a economías con mayor nivel educativo. Países con mayor proporción de graduados presentan también tasas de empleo más elevadas.
Los datos reflejan una tendencia clara: a mayor nivel educativo, mayor acceso al empleo. En este contexto, la baja graduación en estudios superiores y la creciente dependencia del secundario como techo formativo plantean un desafío central para mejorar las oportunidades laborales y reducir la desigualdad.





