El aumento sostenido de los combustibles, impulsado por la crisis internacional, impacta en el costo de vida y presiona sobre toda la economía.
El precio de los combustibles continúa en alza y acumula un incremento superior al 23% desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, una tendencia que golpea directamente el bolsillo de los consumidores y encarece múltiples sectores de la economía.
En la Ciudad de Buenos Aires, la nafta súper ya supera los $2.000 por litro en varias estaciones de servicio, consolidando una escalada que se mantiene firme en las últimas semanas sin señales de desaceleración.
El aumento se explica en gran medida por el contexto internacional, con subas en el precio del petróleo derivadas de la tensión geopolítica, lo que impacta de forma directa en los valores locales de los combustibles.
A nivel interno, la política de contención aplicada por algunas empresas no logró frenar la tendencia general, y los incrementos continuaron, aunque con variaciones en su ritmo.
Este encarecimiento tiene un efecto en cadena sobre la economía, ya que repercute en el transporte, la logística y los precios finales de bienes y servicios, sumando presión sobre la inflación.
Actualmente, llenar el tanque de un auto mediano ronda o supera los $100.000, mientras que en vehículos con mayor capacidad o que utilizan nafta premium el costo puede exceder los $120.000, reflejando el fuerte impacto de la suba en el consumo cotidiano.





