La manufactura concentra el 35,5% de la caída del empleo asalariado privado registrado desde noviembre de 2023. Textiles, metalmecánica y automotrices aparecen entre las ramas más afectadas.

La industria manufacturera acumula una pérdida de 89.667 empleos formales desde agosto de 2023, cuando alcanzó su último máximo, lo que representa una reducción del 7,5%. De esta manera, el sector se convirtió en la actividad con mayor caída de puestos de trabajo privados registrados durante los últimos años.

Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el empleo asalariado privado y formal disminuyó en 241.176 trabajadores. De ese total, 85.561 puestos correspondieron a la industria manufacturera, equivalente al 35,5% de la pérdida. La construcción quedó en segundo lugar, con 62.747 empleos menos, y ambas actividades explicaron el 61,5% de la reducción.

Dentro del sector industrial, textiles, confecciones, cuero y calzado registraron la mayor caída, con 28.088 empleos menos desde agosto de 2023. Le siguieron la industria metalmecánica, con una reducción de 21.384 puestos; otras manufacturas, con 15.368; automotores y neumáticos, con 9.552; madera, papel, edición e impresión, con 6.241; y química y petroquímica, con 5.453.

El deterioro laboral también se combina con un aumento de la informalidad. Un estudio de la Universidad Nacional de Rosario señaló que la informalidad industrial pasó del 32,2% en el cuarto trimestre de 2016 al 41,9% en el tercero de 2025. A su vez, un análisis de la industria describió un escenario marcado por diferencias entre empresas modernas y exportadoras, firmas orientadas al mercado interno con problemas de productividad y sectores de baja productividad e informalidad.

Los especialistas señalaron además que la situación excede a la actual gestión y remarcaron que entre 2011 y 2025 el PBI industrial por habitante cayó 28%, mientras no se generó empleo formal adicional en el sector. La recuperación posterior a la caída de 2024 también fue desigual, con mejor desempeño en actividades vinculadas a la molienda agrícola y la producción hidrocarburífera, mientras varias ramas destinadas al mercado interno continuaron rezagadas.

Frente a este escenario, los economistas plantearon la necesidad de una estrategia productiva que combine estabilidad macroeconómica, mayor competitividad y mejoras de productividad, junto con acceso al crédito, infraestructura, energía, logística, digitalización y capacitación. El desafío, señalaron, pasa por desarrollar una industria moderna y competitiva, capaz de integrarse a una economía abierta al mundo y generar empleo calificado.

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