Los avances médicos transformaron el abordaje del sobrepeso severo y permiten pérdidas significativas sin sacrificios extremos, con tratamientos cada vez más personalizados.

El tratamiento de la obesidad atraviesa la mayor revolución de las últimas décadas. Lejos de ser solo una cuestión de fuerza de voluntad o de dietas restrictivas, hoy se entiende como una enfermedad médica compleja, influida por factores genéticos, hormonales y metabólicos. Este nuevo enfoque cambió de manera profunda la forma de encarar la pérdida de peso.

Uno de los pilares de esta transformación es la aparición de fármacos de última generación, como los péptidos GLP-1 y las terapias combinadas GIP/GLP-1, que actúan regulando el apetito, la inflamación y el metabolismo. Medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida marcaron un antes y un después, al permitir descensos de peso significativos bajo control médico.

La industria farmacéutica avanzó aún más con nuevas alternativas, como pastillas orales de uso diario, entre ellas el orforglipron, cuyos ensayos clínicos arrojaron resultados alentadores. A esto se suman tratamientos inyectables de aplicación mensual y combinaciones hormonales que amplían como nunca el abanico terapéutico disponible.

Los especialistas advierten, sin embargo, que existe una brecha entre los resultados de los estudios clínicos y el uso real. Muchos pacientes no alcanzan las pérdidas esperadas por abandonar el tratamiento o no llegar a las dosis indicadas, lo que refuerza la necesidad de seguimiento médico, educación y acompañamiento continuo.

Otro dato clave es el peso de la genética: cerca del 28 % de las personas presenta una predisposición biológica que dificulta bajar de peso aun con dieta y ejercicio. Este hallazgo ayuda a desterrar estigmas y a comprender que la obesidad no es sinónimo de pereza, sino el resultado de múltiples procesos fisiológicos y hormonales.

Con enfoques integrales que combinan fármacos, apoyo psicológico, cambios en la alimentación, ejercicio adecuado, sueño y manejo del estrés, las tasas de obesidad comienzan a descender en distintos países. La ciencia ya no ve al exceso de peso como un simple exceso de grasa, sino como un sistema alterado que, por primera vez, empieza a tener respuestas médicas eficaces y sostenibles.