En el AMBA, el uso del transporte público se redujo un 22%. Las noches en el conurbano son el punto más crítico, según el Grupo DOTA.
El transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) atraviesa una fuerte caída en la cantidad de pasajeros: se registró un descenso del 22% en el uso de colectivos. La suba de tarifas y el aumento de la inseguridad son los principales factores que están modificando los hábitos de movilidad, según advirtió Marcelo Pasciuto, director del Grupo DOTA, una de las principales empresas del sector.
“El colectivo, sobre todo en el conurbano, después de las 21 horas casi no circula gente. La combinación del precio del boleto y el miedo al delito hizo que muchas personas dejen de usar este medio”, explicó Pasciuto en declaraciones a Radio Rivadavia. Afirmó que, en muchos casos, los usuarios buscan alternativas como caminar, andar en bicicleta o recurrir a plataformas como Uber.
El empresario destacó un cambio notorio en el comportamiento de los más jóvenes: “Cualquier adolescente junta un par de amiguitos y contrata un Uber. Hoy prefieren eso antes que esperar un colectivo de noche”, señaló. Esta tendencia refleja una pérdida de confianza en el transporte público como opción segura y accesible.
Además del costo del boleto, que en algunos tramos se volvió inaccesible para sectores populares, el temor a sufrir robos o agresiones en paradas mal iluminadas o zonas peligrosas pesa cada vez más en la decisión de viaje. “Vos te parás en una ruta a esperar un colectivo con miedo”, graficó Pasciuto, marcando el nivel de exposición que sienten los pasajeros.
La merma en el uso del servicio no solo afecta la rentabilidad de las empresas de transporte, sino que también evidencia una problemática más profunda: la falta de condiciones mínimas de seguridad y accesibilidad para quienes dependen del transporte público como único medio de movilidad.
Mientras tanto, en varios municipios del conurbano ya se registran ajustes en las frecuencias nocturnas por la baja demanda y el riesgo que implica operar en ciertos horarios. El escenario plantea un desafío urgente tanto para las autoridades de transporte como para los gobiernos locales.





